lunes, 22 de agosto de 2011

21..

Ese día el insomnio había ganado, eran ya las tres de la tarde y yo seguía desnuda frente a mi mesita de noche, sentada en el colchón que suponía ser mi cama, sin nada más que dos rayas y un porro encima de la mesita, acompañado de una botella de vodka acabada hace horas.

-21, ya es 21 Lexy -me repito a mi misma esas palabras, sabiendo lo que conllevan, esas palabras contienen ira, odio, incluso rabia. Comienzan las voces a mi alrededor, voces que me animan a levantarme, voces que no se ni distinguir. Me agobio ante las voces, noto que ya no puedo respirar..

Hace seis meses, el mismo 21 me quede sola, lo poco que me quedaba se lo llevo él. Alzo una de mis muñecas al pensar eso, dejando caer la pulsera que siempre oculta lo que hay debajo, esa cicatriz que pocos saben que existe, la acaricio lentamente de arriba a abajo, siguiendo su forma rugosa sobre mi piel sin poder evitar lagrimas, lagrimas ya comunes en mi. Dando una patada a la botella de vodka intentando así tranquilizarme, solo escucho el sonido del cristal, recordándome el sentimiento que pasa por mi tres meses antes, al rendirme y no seguir, al rasgar mi muñeca por soledad, por asco a una misma..

-Deberías volver a intentarlo Lexy.-susurro para mi misma, aún sabiendo que nadie puede oírme- puedes hacer más fuerza, más presión hasta que notes que esta rota, cercenada, eso es Lexy, vamos hazlo. -agrando mis propios ojos al darme cuenta de lo que estaba diciendo mi propia voz, negando rápido suspiro, susurrando cada vez mas bajo.

-No, no puedo.. tengo gente, Lexy tiene gente, la respetan, incluso me atrevería a decir que la quieren.-Al notar que me refiero a mi misma como Lexy, me aventuro a adivinar que es un simple sueño más, una fantasía creada por las drogas, por lo que me dejo llevar.

-¿Gente? ¿tengo gente? Vamos, te conocen como Lexy, ¿que pasaría si conociesen a Alexandra, Lexy?

-Eso no va a pasar, vete ya, por favor.. tú no existes, son solo las drogas, no existes, simplemente eres yo.-gimo desesperada, notando lagrimas nuevas, dándole así la razón ante sus palabras, nadie conoce a Alexandra, y nadie la conocerá suspira para si misma.

Al ver mis propios ojos cada vez menos empañados, me doy cuenta de que esa extraña fantasía ya paso, todo acabó, lo único que queda de ella es mi antro, mi hogar si se le puede llamar así. Suspiro mirando el reloj, las seis.. a esa hora sigo durmiendo normalmente, no se que hacer a estas horas. Me tiro sobre la cama, mirando el techo de la habitación, concentrada en el echo de haber oído mi propia voz.

-Estás loca, Lexy.-me repito a mi misma.

Tras conseguir aclarar mis ideas, no hago otra cosa que vestirme sin mirarme siquiera al espejo, dejando mi muñeca desnuda, como cada 21, recordándolo así, en mi pequeño tributo. Decido ir a un parque normalmente lleno de niños, los niños están llenos de vida debido a su ignorancia, son tan dulces..
Cuando camino tranquilamente, me fijo en alguien que destaca allí, un hombre joven sentado en el suelo, escribiendo partituras con una tiza, me recuerda muchísimo a él, no me atrevo a acercarme. Minutos después sigo ahí, mirándole tan fijamente como el primer momento, sin poder evitarlo.

Tras un par de minutos decido acercarme, dando ánimos a mi pequeño cuerpo a caminar, a enfrentarse a todo aunque solo quiera caer. Gimo desesperada a sus espaldas. ¡Es él!, tiene que ser él. Niego fuerte, aún sabiendo que me tomarán por loca si me ven.
-No, no puede ser él, él acabo con todo, tal como hiciste tú. Lexy, ahora eres Lexy. Deja a Alexandra atrás de una vez por todas-. me repito para mi misma, tras pegar media vuelta y volver a andar, alejándome de aquel hombre por simple miedo, mirándole escribir desde un banco algo más alejado de él.

No.. no era él.

Y yo tampoco soy yo.. el monstruo esta controlado.. no puede salir.. Alexandra esta muerta, esta solo dentro de mi.



sábado, 20 de agosto de 2011

El comienzo de la caída.

Lexy Wieck Bukowski, puede sonar bien, incluso conocido si se pregunta en las peores calles de la ciudad, su historia no es nada compleja, nació, sobrevivió.. y vive. Fin.

No.. demasiado corto, demasiado.. fácil.

En mi todo es complejo, en mi nada tiene un por qué ni un cuándo. Simplemente pasa, caigo y por fuerza intento levantarme. Cuando lo único que piensa tu cabeza son nuevos métodos de destruirte a ti misma poco puedes hacer, como mucho fumarme un porro o meterme otra raya hasta la siguiente caída. Tú me susurraste una vez en la oscuridad que podía subir, que podía mejorar. No, solo puedo hundirme más en mi propia oscuridad.

Mi vida es una sucesión de días basada en despertarme a distintas horas, dependiendo del efecto de la raya o del porro, y de si el insomnio me permitiría caer esa noche. Al despertar me visto sin mirar mi cuerpo, siento miedo y asco al ver el simple reflejo, esa cara no podía ser la mía no me reconocía, esa cara solo merecía ser tratada como lo que era, una escoria de la noche.

Tras conseguir salir del espejo entera, me dirijo a mi trabajo, Hell, ese es el nombre, bastante apropiado para un bar de mala muerte, trabajo allí como camarera por dos simples motivos, la música no podría ser mejor en ese antro que en cualquier otro, los artistas desconocidos si trabajaban sus canciones, Y no pedían explicaciones por la falta de un día o incluso más, de echo mas de una vez me habían dado por muerta. Tras colocarme en la barra solo queda esperar, coger la botella de vodka y esperar a otra sucesión, consumiendo mi vida en una amarga soledad que poco a poco se convierte en lo que mas temo. La oscuridad vuelve, lentamente.. lentamente vuelve y llega de nuevo el suicidio a mi mente. ¿Rajarme la muñeca? Demasiado sencillo, necesito algo seguro, algo doloroso por el daño que he echo. Mi mente maquina, piensa en como castigarme a mi misma, en como desaparecer simplemente por el placer de verme mal, de ver como lo que digo es cierto.